•Nunca dejes de conocer tu entorno:
Cuando hace un momento señalábamos la importancia de que un directivo conozca el entorno en el que se desenvuelve, esto incluía su capacidad para reconocer los cambios que día a día se producen en él. Un buen gerente saber identificar esos pequeños giros que tienen lugar en el ambiente laboral y es capaz de transmitir la emoción más adecuada con cada uno de ellos: intensidad, seriedad, cordialidad, amabilidad, apertura y participación, entre otros.
•Fíjate en el lenguaje corporal de tus interlocutores:
Muchos directores de empresas se olvidan de que el lenguaje corporal (también llamado lenguaje no verbal) también es una expresión directa del estado emocional de una persona. Por tanto, a la hora de entablar relaciones con sus colaboradores, socios o terceras personas, será fundamental que sepa interpretar las posturas, los gestos, las miradas, las actitudes y demás elementos corporales. Al mismo tiempo, esto exige que controle los suyos y que tenga la capacidad de emplearlos según la situación o los objetivos que persiga en cada caso.
•Desarrolla la escucha activa:
Si tu objetivo es conseguir una alta inteligencia emocional en el trabajo, no basta con abrir espacios de diálogo e interlocución. Además de ello, es imprescindible que desarrolles la escucha activa, que no es otra cosa que aquella capacidad para seguir atentamente el discurso de otros y extraer las ideas principales y los motivos que lo justifican. Escuchando a terceros también se entienden las emociones de los demás y, por ende, manejamos mejor las nuevas durante una conversación o un diálogo.
•Motivación y automotivación:
La motivación puede ser fuente directa de emociones. De hecho, es un recurso al que apelan muchos directores de empresa en determinadas circunstancias, como por ejemplo situaciones de crisis, reestructuraciones, fusiones o cambios en todos los sentidos. Sin embargo, para hacerlo es necesario que antes conozcas el clima en el que te encuentras inmerso y las emociones y sentimientos que predominan en él. Del mismo modo, este proceso debe ir acompañado de prácticas de automotivación de quien ejerce la labor de dirección y liderazgo, pues recordemos que en casi todos los casos actúan como referentes de sus colaboradores.
•Cercanía y empatía:
La inteligencia emocional es sinónimo de empatía. ¿De qué otra manera, si no es a través de una relación cercana y próxima, se pueden entender las emociones de otra persona de nuestro entorno? Esto es especialmente útil para los directivos, quienes deben enfrentarse todos los días a los retos propios de la dirección de equipos y a la necesidad de entender por qué sus colaboradores actúan como actúan y piensan como piensan. Cuanta más cercana su relación con ellos, más eficaz y productiva.
Muy bien explicado y excelentes puntos
ResponderBorrarmuy buen trabajo, la informacion es clara y precisa
ResponderBorrarGracias por compartir la información
ResponderBorrarMaravilloso, un aporte demasiado interesante
ResponderBorrarMuy buen información
ResponderBorrarExcelente información
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